sábado, 15 de mayo de 2010

Dirigir (2º parte)

Dejarse dirigir no es tan complicado como hacer las indicaciones pero también tiene sus dificultades. Si dirigir es una actitud mental, dejarse dirigir es ante todo una actitud física que consiste básicamente en mantener una disposición corporal que facilite una respuesta "automática" a las indicaciones del chico. Puesto que éstas llegarán a través de su mano derecha, la colocación de la espalda y brazo izquierdo de la chica serán decisivos para lograrlo. El resto es una mera cuestión de paciencia, de esperar a que lleguen (o no) las indicaciones. A menudo las chicas con mayor facilidad para el baile que sus parejas se exasperan cuando el chico no cambia de paso, acaban tomando la iniciativa pero eso es lo peor que pueden hacer si pretenden ayudar.

La parte del trabajo de la chica en la labor de dirigir se puede resumir en dos palabras: NO ADELANTARSE. Aunque en la fase de aprendizaje pueda llegar a ser muy frustrante, la mejor alternativa para llegar a bailar bien en el rol de la chica es esperar pacientemente a que lleguen las indicaciones antes de empezar cualquier movimiento e intentar no anticiparse jamás. Para la chica el baile es el arte de saber esperar.

COLOCACIÓN DE LA ESPALDA


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GRADO DE INCLINACIÓN DE LA ESPALDA
La espalda de la chica debe estar echada hacia atrás, buscando siempre el contacto con la mano del chico pero sin llegar a estar "tumbada". De las tres imágenes la única correcta es la 02. En la primera la espalda está curvada hacia delante y rehuye el contacto. La postura de la 03 es mejor pero es excesivamente rígida.






En la postura alta de baile todas las indicaciones le llegarán a la chica en forma de pequeños tirones o empujones en el costado y la espalda de modo que dependiendo de cómo la coloque, éstos serán más o menos efectivos.

Como principio básico señalaremos que la chica debe apoyar su espalda contra la mano derecha del chico haciendo un esfuerzo constante por echarse hacia detrás. No es posible bailar si hay aire entre la mano del chico y el costado y la espalda de la chica. Para evitarlo una bailarina debe "hacer fuerza" con su espalda, manteniendo siempre la distancia entre ella y su pareja. Si el chico tira de la chica hacia sí, será con el objeto de que avance, no para que se le pegue.

UNA RESPUESTA AUTOMATICA

Que haya que responder con rapidez a las indicaciones no quiere decir que la parte de la chica dependa de tener unos reflejos asombrosos. De hecho éstos no son necesarios en absoluto. Si la actitud física y la tensión de la espalda y brazo izquierdo de la chica son los adecuados, la respuesta a una indicación del chico debería ser automática, es decir inmediata, sin que sea necesario ningún tiempo de reacción.

Este "curioso fenómeno" se debe a que una vez adoptada la postura adecuada, es el cuerpo el que debe responder a los requerimientos del brazo de la pareja, sin reflexión ni tiempos de espera. El tronco y los brazos de la pareja forman un bloque indisoluble que se mueve de forma solidaria. Naturalmente para que esto ocurra, primero hay que repetir los mismos movimientos muchas veces, hasta conseguir mecanizarlos.

Una vez conseguido esto, la chica podría bailar relajadamente sin más preocupación que disfrutar de la música ya que las demás labores, como llevar el ritmo y cambiar de paso, le corresponden al chico. De hecho, en bailes cuyo paso básico es sencillo como el merengue o la cumbia, una chica que no haya recibido clases pero se deje llevar bien, puede hacer el 90% de los pasos que le indique un chico que sepa dirigir.

Truco

¿Qué ocurre si estás de pie tranquilamente y alguien te empuja de repente? Lo normal sería que salieras trastabillado pero no te caerías de bruces. Ahora supongamos que sabes que te van a empujar en algún momento... ¿Serviría de algo estar en tensión, esperando el empujón pero sin saber cuando llegará? Es dudoso y sería agotador. Este ejemplo ilustra a la perfección cómo debe afrontar la chica el baile: atenta pero relajada. Los empujones llegarán pero como no es posible saber cuándo, es inútil estar en tensión esperándolos. Basta con tener claro que cuando lleguen lo que hay que hacer es moverse, no caerse de bruces (que bailando equivale a tropezar con los pies de la pareja o propios por no responder automáticamente).

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